martes, 18 de agosto de 2015

Besos calavera.

Atravesé la primera puerta del cuarto vagón del metro como cada día. No había mucha gente pero aún así no encontré lugar para sentarme y, harto de la rutina, quise tirarme en el suelo.
     Me fue imposible, pues los lugares en que podía situarme sin estorbar ya estaban ocupados; en un lado un señor gordo y en el otro una chica de cabello rojizo tintado, borracha y sensual. Era delgada y de nariz aguileña, de unos ojos bellos escondidos entre la maraña de cabello que le cubría el rostro. Estaba perdida bajo los efectos del alcohol pero aún con ello podía actuar como una simple muchacha rebelde...
     —¿Me veo bien?— le dijo a su acompañante.
     —Sí— respondió él enseguida, como por compromiso.
     —¿Por qué chingados no le gusto a ese cabrón? ¡Moriría por ser su chica! ¿Me veo bien? ¿Ya te dije que lo veré hoy? ¡Tengo que verme linda!
     Y, diciendo esto, sacó de su bolso utensilios de maquillaje que intentó colocarse en la cara tontamente, pues su borrachera y el movimiento del tren le impedía hacer bien el trabajo.
     —¡A la mierda! ¡Si me va a querer que me quiera como soy! ¡Que me quiera borracha, fachosa y fea! ¿Acaso eso no deben hacer los amores de nuestras vidas?— dijo, y volteó la mirada hacia mí, sorprendiéndome.
     —Claro— Respondí. En realidad mi respuesta pudo haber sido: "No mi amiga, las personas no te quieren en tus defectos, te 'soportan'. Porque se puede amar para siempre pero no a cada instante. Y es ese amor por las virtudes (que nosotros creemos virtudes) el que nos hace quedarnos a sufrir en los desperfectos..." Me detuve en mi pensamiento, pues no tenía caso intentar explicárselo a un borracho que el día de mañana no se acordaría ni siquiera de que te conoció o de que viajó en metro.
     —¿Me veo bien?— Volvió a preguntar, pero ahora dirigida hacia mí. 
     —Te ves preciosa. 
     Y era verdad, detrás de esos vicios había un rostro estético y encantador.
     —¿Tú me querrías así?
     —Si fueras el amor de mi vida, claro (Claro que te soportaría así, más no te amaría así)...
     Los siguientes minutos se pasaron entre trivialidades y risas. A mí cuando menos me había servido para relajarme un poco de esa frustración que cargaba. Al llegar a la estación 'Atlalilco' ella se despidió de su amigo y, antes de bajar del vagón, besó la palma de su mano y después la colocó en mi mejilla derecha:
     —Muchas gracias guapo— me dijo con una sonrisa mientras se alejaba entre la multitud. 
     Todo mi cuerpo quedó estático, el corazón quieto y las palabras muertas. La fascinación no fue el beso sino su efecto; no era un beso normal, ni mucho menos un beso de amor. ¡No! Fue un beso de falsedad sincera, un roce eléctrico tan ficticio como la existencia de Dios y tan honesto y real como la banal satisfacción que en mí produjo. 
     Fue un beso calavera, de eso no había duda; fue un beso calavera que me acercó a la muerte con la misma intensidad con que me devolvió la vida. 
     ¡Fue un beso de alma esquelética que rasgaba con dolor placentero!



3 comentarios:

  1. Esto realmente esta hermoso,me encanto,la descripción del beso...entre la vida y la muerte,,,felicidades!!!

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