viernes, 6 de mayo de 2016

Corbatas azules.

—¡Hey, hey! Espera. Ponte tu corbata azul.
     —Por supuesto.
     Una vez hecho esto, nuestro viaje comenzó.
     —Afuera, en un mundo que ya no existe, todo es silencio. Tu corazón palpita, el viento golpea y tus ojos siguen observando. ¿Qué ves?
     —Las nubes moviéndose, los árboles moviéndose, el agua corriendo... Y a ti. 
     
     Era una cabaña grande, grande. La señora que vendía cuarzos no estaba esta vez, gran detalle de su parte. «Me gusta ir porque es muy bonita», me decía ella, «...Y está rodeada por... hmmm... una especie de río que se desborda ligeramente». Su voz sonaba cálida, indefensa y enternecida. «...y va formando... hmmm... pequeñas líneas de agua por todas partes...». 
     Sin importar que nuestras ropas pudieran mojarse, nos sentamos a orillas del Río. Por encima de nosotros, las nubes se mudaban, los pájaros se quedaban, y los universos se detenían. 
     Las notas musicales de una guitarra lejana comenzó a escucharse, al son de una letra que ambos conocíamos a la perfección; «Fuimos a hacer el amor, y parece que volvimos de la guerra», comencé a cantarle al oído. Sentí como su piel se envolvía en escalofríos y me pedía a gritos un abrazo. «Rompamos juntos la barrera del sonido», yo; y ella, al fin reaccionando: «...cuando el gemido se coma el ruido»
     Casi sin sentirlo, una lágrima caía por su mejilla derecha. No era una lágrima de tristeza, sino de alivio. Una lágrima revolucionaria que, harta de vivir oprimida por la fortaleza de una guerrera, decidió escapar. Una lágrima distinta a las demás, como ella. Única, incomparable, infinita. 
     —Me gusta cuando sonríes, es como entregarse a plena voluntad a una demencia celestial. 
     —Me gusta cuando me hablas, porque me haces sonreír—susurró con coqueta sencillez. ¿Podemos ir adentro? —continuó—. El frío me está matando. 
     —Claro. 
     El olor que desprendía la naturaleza de la cabaña resultaba exquisito, dulce, seductor , aventurero. Ella preparó dos tazas de café y, junto con unos panecillos, nos sentamos a un lado de la ventana. La lluvia había comenzado, ligera y embriagante. A cada sorbo y a cada mordida, el tiempo se iba agotando. Las campanas repiquetearon como anunciando el final de una pequeña inmortalidad y nosotros, bajo el cobijo de unas sábanas blancas, cerramos los ojos. 
     El vapor del café, las migajas de pan y la nube gris del cielo fueron testigos de lo que después sucedería:
 «Imagina que no estás imaginando», le dije. Mientras que en nuestra realidad alterna, lo único que quedaba en nuestros cuerpos, eran ese par de corbatas azules. 




8 comentarios:

  1. Busco y busco el significado oculto tras las corbatas azules y no termino de encontrarlo, me causa curiosidad... ¿Viene de algo del pasado?

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    1. Sí, el texto lleva en mi mente desde hace ya algún tiempo, nacido de una plática llena de emociones ja, ja.

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  2. Execelente historia... Me ha gustado mucho, incluso me he sentido acompañente dentro de la historia... Tal vez por el contenido que tiene el texto ;3

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    1. ¡Yeah!
      Me alegra leer eso :3
      Muchas gracias Helena :D

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  3. Muy jocoso... pero me encanta la forma en lo relatas... Me ha gustado leerte :D

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  4. Me sigue encantano tu narrativa :3 Esas corbatas azules... no estoy seguro de lo que significa, pero no quiero que me lo digas; creo que es mejor que cada quien le busque su significado. Excelente relato :3

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    1. Muchas gracias John.
      Así es, cada cuál sabrá el significado de ellas :3

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