jueves, 25 de febrero de 2016

El fantasma de Jorge (versión II).

«El olvido es la mejor manera de hacer las pases»
-LosPetitFellas, raperos colombianos.



México, 2 de Octubre de 1968.

Ana estaba tendida en el suelo, envuelta en su propio cuerpo y gritando de la manera más estridente y mortal: con lágrimas en los ojos.
     Allá afuera, las balas seguían atravesando cuerpos, asesinando ideales, exterminando justicia. Más y más gritos y sollozos orquestaban la danza de la muerte. ¿Cuántos más habrían logrado esconderse? ¿Cuántas madres sin hijos, hijos sin madre, o padre, o abuelo, o sobrinos o hermanos resultarán de esta masacre? ¿En qué momento el pensamiento se volvió arma criminal? Sí, es cierto; la mente suele ser bomba, un fusil o una granada que cuando se abre, arrasa con todos los paradigmas y la monotonía del falso mundo pero, ¿a qué viene esa manía de hacer de los anhelos algo ilegal?
Que quede claro: ¡No es rebeldía, sino voces que demandan un fallo en el sistema!
     El ruido cesó. El silencio de pronto se volvió el trofeo de campeonato, el sueño dorado. Jamás en mi vida el silencio había denotado motivo de felicidad. A excepción del primer beso o los momentos con Ana. Ella seguí tumbada, tiritando. 
     —Ahora vuelvo— dije, sin esperar respuesta. De todos modos no se produjo alguna. Asomé la cabeza, con la esperanza de que lo sucedido hubiera sido nada más que una pesadilla. No era así. Decenas de cadáveres ensangrentados yacían estáticos sobre la plaza de las tres culturas, que a partir de entonces, sería un templo más de sacrificios. En esta ocasión, en beneficio del Dios Dinero.
     Escuché un par de pisoteadas y corrí hacia dentro. 
     —Ven.
     Casi inmóvil, Ana me siguió sin saber lo que hacía.
     —Métete aquí.
     Un pequeño espacio sirvió de ayuda. Tan apretada como se podía permaneció allí, en estado de shock, callada y perdida.
     Sentí un piquete en la espalda, a la altura del corazón, desplomándome al instante...

México, 25 de febrero de 2016

Sus ojos se abrieron y sólo vieron tierra, pero sabía perfectamente que volvía a estar presente. Fueron quizá diez segundos antes de que sus párpados se cerraran nuevamente. Sintió cómo algo se desprendía de él. Más bien, él se estaba desprendiendo de algo. Podía ver, pero sus ojos se mantenían cerrados; podía moverse pero su cuerpo permanecía inmóvil. No había duda: era su alma quien salía del ataúd carcomido y desgastado. 
     ¿A qué había venido de nuevo al mundo de los vivos? En efecto, el propósito era meramente una oportunidad de venganza. Se sorprendió al ver que no era un cementerio del que emanaba su espíritu, sino un lugar escondido y desconocido, de ambiente vulgar, en ruinas. 
     Su instinto espectral lo llevó a los Pinos, en busca de Díaz Ordaz. Al llegar, en el asiento presidencial no estaba él, sino un copetón de rostro estético, que se mostraba preocupado y tímido. Afuera, una multitud protestaba colérica y endiablada. ¿Qué año era? ¿En dónde estaba Ordaz?
     No tardó en percatarse de los cuarenta y ocho años de diferencia. Echó un vistazo más a la calle, para luego emprender un viaje fugaz que sólo los seres extranormales hacen. Vio aún más violencia, asesinatos, robos, contaminación y mediocridad. 
     Si bien es cierto que la realidad en ocasiones es grandiosa, resulta que también viene en empaque defectuoso. Dicen que si la miras a los ojos, se lleva tu felicidad. Lo conveniente sería mantener la mirada en otro lado, más lo correcto incluye sumergirse en el abismo. Sólo estando en ese fondo oscuro es como se puede planear cómo salir. De nada sirve mantenerse fuera, pues el abismo de una realidad disfrazada es peor que las profundidades del infierno. ¿A motivo de qué vengarse de un Gustavo viejo y malgastado? Aportar con la venganza de una furia pasada, sería ser cómplice mismo de aquello en que se supone estás en contra. ¿Volverse uno más? ¿Por qué hacer lo que precisamente odiamos?
     «¿Por qué vengarse es el único motivo de paz para un alma?», pensó. «¿Acaso salvar a Ana no era motivo suficiente para estar en paz? ¿No es eso lo que a un fantasma debería bastarle para irse satisfecho al otro mundo? Allá los corruptos y su actualidad. Que ellos se arreglen. Mientras en vida hayas hecho todo lo que estaba en tus manos para cambiarlo, todo está bien»
     Y diciendo esto, su ánima se desvaneció en un soplido...



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