jueves, 3 de diciembre de 2015

De-lirio en lirio.

«Me preguntó desnuda si pa' siempre es mucho tiempo. 
Le dije: "Para nada nena, le eternidad sólo dura un momento"».
-Sharif, rapero español. 

     —Las mujeres son como lirios, hijo mío— decía mi padre con voz aguardentosa—, las hay de muchos tipos; puras como el lirio blanco; seductoras y salvajes como el de tigre; misteriosas como el grayi; pero a final de cuentas, terminan siendo tan simples, tan lindas, tan poderosas, que resulta increíble concebir esta idea. El problema es precisamente ese, que nos enfocamos en estudiarlas, en tratar de comprender, y nos olvidamos de tratarlas, de cuidarlas y de admirarlas, sin advertir que algún día, cuando creamos haber entendido todo, se marchitarán.
     —¿Eso pasó con mi madre?
     —Sí, y no sabes cuánto lamen...
     Comenzó a toser estrepitosamente. De su boca resbalaba sangre llena de arrepentimiento y esperanzas perdidas y, segundos después, todo había terminado. Los ojos se nublaron, dejando caer sobre mí una dulce llovizna de desahogo. 
     Tomé el pañuelo que él mismo había elegido para este momento, lo sumergí en la cubeta de agua y limpié su rostro. Sus labios parecían querer seguir hablando; tuve que cerrar esa utopía.

     Después del funeral y las noches en vela, quedé pensativo. Sólo hasta entonces razoné aquellas últimas palabras: ¿Por qué la analogía con los lirios, y no con alguna otra flor? Quizá sólo fue una metáfora más de mi padre en su afán de poetizar toda la vida. Porque, finalmente, luego de tanto romance, luego de tantas mujeres, luego de tanto andar de lirio en lirio, el corazón, el alma y el ser terminan en el delirio. ¿Delirio placentero?, ¿cicatrizante?, ¿mortal? Creo que ahí culmina el viaje. Creo que ahí está nuestra meta.
     Mi madre me dijo algo similar antes de irse de la ciudad para quitarse la vida. «No trates de comprendernos Manuel». Siempre me gustó la manera en que pronunciaba mi nombre, la dulzura siempre ha sido mi punto vulnerable. «No trates de comprendernos te digo ¡Nosotras no somos matemáticas! ¡Somos arte, Manuel, arte! El arte no necesita comprensión, sino empatía y tacto. Necesita sentimiento, pasión, locura... pero sobre todo locura, escaparse de la lógica y de toda esa monotonía ecuánime». 
    Me entristece la idea de saber que, muy a pesar de que ambos sabían lo que querían y coincidían como pocos, no la muerte, sino la vida los haya separado. ¿Estará el ser humano destinado a separarse de lo que ama por las circunstancias de la vida? Yo no creo en el destino y sin embargo, tengo la convicción de que hay cosas que ya no dependen de nosotros, ni de nuestra valentía, ni de nuestra lucha...
    
     Bien, mañana será otro día, ¿qué pasará?. 
     Tal vez —y sólo tal vez—, plantaré un nuevo lirio en este jardín del desatino...


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